viernes, 3 de mayo de 2013

Sobre cosas que pasan en los albergues...



Podría ser una nave de un campo de concentración. También podría ser un barracón de soldados en la mili. Incluso un pabellón de refugiados. Pero a diferencia de cualquiera de ellos, allí se acude por decisión propia. Se comparten experiencias, hay cierta camaradería…y también se “disfruta” de algo que no pocos niegan cometer;  el mundo infinito y variado de los ronquidos.

Llegué reventado al pueblito, Almadén de La Plata creo recordar, una parada antes de lo previsto ya que se me hizo tarde para llegar al siguiente donde había reservado una cama, un pueblo también muy pequeñito pero con mucho encanto, El Real de La Jara. Busqué un  albergue y de milagro lo encontré. De  noche, en medio de ningún lado, ya había cerrado, y solo la buena voluntad de dos caditanos que también iban en bici  y me dejaron pasar me hizo poder tener un sitio donde “dormir”. Entrecomillo dormir porque fue lo menos que hice. Una noche eterna despierto, demasiado cansado para descansar. Así que me dediqué a observar, o mejor dicho a escuchar.

Antes de esto pude sentir en mis carnes la increíble odisea de encontrar algún sitio donde cenar algo a las
Mi casa
23:00 de un jueves, en un pueblo cualquiera de la España profunda. Un ejercicio de locura asegurada, observar a los lugareños ebrios a punto de irse a acostar, ver a un perro flaco y barbudo con acento marciano pedir un serranito en lugar de un anís. Absolutamente surrealista. Además, me esperaba mi colada para antes de dormir. 

Se vive con la casa a cuestas, y hay que alicatarla.





En fin, como decía anteriormente, me tiré en esa litera común a escuchar. En dos horas ya conocía el timbre de cada ronquido. La flautilla del guiri de la litera de abajo, el terremoto del barbudo de al lado, los suspiros de las japonesas de enfrente o las vegetaciones de una francesa jubileta. Si no hubiese estado tan destrozado igual hasta hubiese disfrutado de este mundo al que nadie pertenece, ya que es universalmente conocido que nadie ronca. Todo el mundo lo ha visto, pero nadie sabe dónde está. Es el San Borondón de la noche.
Observatorio nacional del ronquido


No hay comentarios:

Publicar un comentario