El Ciclista regateaba curvas a través de un pequeño sendero
perdido, buscando una carretera igualmente perdida y desierta.
Atardecía ya, y su única guía era su apreciada brújula y de
fondo el fabuloso pantano, un auténtico mar interior.
Después de muchas vueltas y revueltas, El Ciclista encontró
la dichosa cinta negra, en medio de la nada. Pero, inesperadamente, no estaba
solo.
-¿Pasaste por ahí? Eres bueno.
El Ciclista estaba perplejo. Un personaje abordado por su
propio equipaje lo observaba desde debajo de una tonelada de bultos, al borde
de la carretera.
-Sí, por ahí vengo. Es un desvío provisional por las obras
de la nueva vía- contestó fascinado el ciclista.
No había visto a nadie en horas, y menos esperaba verlo
allí. Era un lugar solitario, la nueva vía absorbía todo tráfico, humano o no.
-¿Tienes algo de comer?-preguntó el Personaje.
-Si, creo que tengo una naranja. -El Ciclista se la ofreció
y el Personaje la comió con avidez. Era bajo, de tez morena y curtida, y
dientes dispares. Usaba guantes de obra, demasiado grandes y que habían pasado
por mejores épocas. Una gorra con bastante uso coronaba su cabeza, y una
sonrisa curiosa asomaba en su boca, dándole un aspecto bastante simpático a su
cara.
-¿De donde eres?- preguntó el ciclista- .Creo que eres argentino.
Yo soy de Canarias.
-Ah, de canarias. Allí hay mucha fruta ¿verdad? Yo soy del
mundo.
El Ciclista observaba perplejo y divertido. Una gigantesca
bandera de España coronaba todas sus pertenencias. “Es para que me vean mejor,
es amarilla” contestó a la pregunta del Ciclista del porqué de la bandera.
-Deberías irte a Sudamérica. Hay un barco que sale de Vigo,
puedes subir con tu bici y llegar a México, allí no tienes problemas con
aduanas ni con nada. Es muy bonito, hay mucha fruta bu-bu-bu-bu-buena en
Sudamérica.- Comenzó un discurso atorrollado sobre fruta y la belleza en el nuevo continente, con un
tartamudeo persistente y por momentos casi cómico.
-Yo estoy buscando trabajo. Por aquí. Si…
-Pues buena suerte amigo, yo tengo que continuar. Me pensaré
lo de Vigo y ese barco, que tengas suerte en tu búsqueda.
-Suerte a ti en la tuya. Encontrarás lo que buscas. Y
gracias por la naranja, es buena. Para hidratarte.
Y así se separaron los extraños compañeros de caminos. El Ciclista
siguió pensando durante mucho rato sobre las extrañas circunstancias del
encuentro. Solo mucho rato después, el Ciclista comprendió. Se había cruzado
con un duende del camino. El Duende de la Aventura. Y sonrió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario