Puede parecer un chiste, pero no lo es. Son esas gentes que, cuando
menos te lo esperas, están ahí, para ayudarte, echarte una mano o simplemente
reconfortarte.
| Horas de soledad |
Se sufre mucho cuando la soledad
te encima, y aunque sea una soledad deseada, los problemas hacen que te
acuerdes de casa y de tu gente. Muchas veces en el camino, cuando pasas horas y
horas sin ver a nadie, sin tener contacto con alguien, piensas cosas, algunas
recurrentes.
Un ejemplo es recordar las tardes tirado como una iguana en el
espigón de mi añorada playa de La Cueva, hablando de todo y de nada con mi amigo Nay, riéndonos un rato con mis
colegas Toro e Iván, tomando el sol tan a gusto
en este caso. Ante este sol
avasallador, extraño esos momentos casi a cada segundo. No en vano soy canario,
la sal corre por mis venas y siempre, siempre, donde quiera que esté, busco con
mis ojos esa imagen familiar y reconfortante del mar en horizonte.
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| Playa de la Cueva (San Sebastián de La Gomera) |
Me paré a sacar una foto de un letrero del camino. Estaba un poco
asustado, sin saber qué hacer ni por donde seguir. De algún lado apareció un
ciclista, por lo que iré viendo después un gremio unido y amigo donde los haya.
– ¡La salida está más adelante, a la izquierda!-
El salitre del que formo parte,
del que estoy formado, comenzó a brotar de mis ojos, sin que yo pudiese hacer
nada por controlarlo, emocionado ante esta inesperada y desinteresada ayuda. Quizás
era mi forma de aportar a aquellas gentes,
a aquellas tierras llenas ahora de flores. Colaborar con mis lágrimas a la
buena intención de la gente anónima con la que me cruzo, haciendo con ellas un
poco más fértil estas tierras que me han dado y quitado tanto.
| Siempre presente |
