sábado, 11 de mayo de 2013

Mimados por el Sol



Me tostaba bajo un sol implacable e inhabitual por el mes de abril a través de carreteras extremeñas. La dehesa me arropaba con un susurro de quietud, los buitres formaban círculos, quizás oliendo mi próximo fin, enfermo, dolorido, achicharrado, sin fuerzas...



Preciosas estas tierras, el fuerte sol parece ejercer de imán sobre los pastos y flores, atrayéndolas hacia sí como un padre atrae a sus hijas. Olía a flores, pero también a muerte. Un perro atropellado me sonreía desde una cuneta, su cortejo un porrón de gusanos hartos y tan hinchados como él.

Subía una pista a las, calculo, tres de la tarde de un abril calenturiento de Extremadura, que puede ser calenturiento en verdad. Uno suele pensar que Extremadura es una gran extensión, una tremenda planicie sin subidas ni bajadas...mis cojines. A las 3 de la tarde y con 35 grados, cada ondulación del terreno es el Tourmalet. Y aquí las hay a patadas. Ir cargado como un mulo por pistas reventadas por las últimas lluvias tampoco ayuda. En fin...


Enfilaba una de esos tremendos toboganes tan típicos aquí, cuando visualicé a varios trabajadores del campo, primera gente que veía en horas. Ellos estaban en su labor, yo estaba en trance, sin ganas de pararme a hablar ni preguntar, ni parar. Ante mi impresionante aproximación, mi imparable pedalear y una densa polvareda que dejaba atrás (todo mentira),  uno de los susodichos levantó su cabeza de la faena:

-¡¡¡¡Achooooo, ponhle un motóoooo a la bijicleta, pa la cuejhtaaaaa!!!!!...

- Soñadora -pensé-, creo que ya no estamos es Kansas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario