martes, 23 de abril de 2013

Mis amigos lo hombres grises.



Si algo puede ir mal, irá mal. Mi amigo Murphy es implacable.

Salí de Sevilla tarde, enfermo, desorientado, acongojado. Solo la certeza de querer hacer “algo” me impulsaba a seguir adelante. Mi amigo Juancarlos y su novia Rocío se despidieron de mí, deseándome lo mejor, solo para verme regresar media hora después a por el bote de agua de la bici. Murphy siempre está ahí.

 El día anterior había enviado mi cámara de fotos de regreso a casa sin querer junto con otro par de cosas, por lo que hube de agenciarme otra de segunda mano, lo que hizo un bien escaso a mi ya escaso presupuesto. Murphy siempre está ahí.

Pero a pesar de esto, tener a un amigo como Juanca es una bendición, tanto él como su novia han sabido y querido engrandecer conmigo el significado de la palabra amistad y hospitalidad. A pesar de mi escepticismo, sigue habiendo gente buena y honrada en este, a veces, triste y egoísta mundo.

Así que sin más, enfilé la ruidosa y feriante Sevilla con destino a vete a saber donde, con las piernas temblando de incertidumbre, sin preparación física previa, sin orientación previa , ni GPS ni cosas de ciclistas modernos, cargado hasta los topes y con un sol de justicia. Solo con mi pequeño Igor, la pulsera de poder regalo de mi querida amiga, y Soñadora, que es como me da la gana de llamar a mi bici. Espero que ella pueda soñar a gusto, porque yo hace tiempo que desconozco la sensación de un buen descanso.

Soñadora en el camino
Dejaba atrás una de las paradojas que más me asombran desde hace algún tiempo. Las ciudades, esos inventos humanos que consisten en una aglomeración de gente que no se conoce ni tiene intención, todos preocupados por algo, donde el señor TIEMPO gobierna cada una de esas vidas anónimas. Todas esas personas, miles o millones, que se agrupan en un lugar, siempre estresados, siempre con mil opciones para hacer otras mil cosas, pero al final haciendo lo mismo día tras día, gobernados por un reloj implacable. Tantos hombres grises juntos...hacen que, en una ciudad, me sienta más solo que en cualquier otro lado. Por eso enfilo rumbo al norte, a encontrarme con las ahora exhuberantes dehesas andaluza y extremeña, a descubrir las infinitas planicies de Castilla y sus ruinas, a reencontrarme con las salvajes e indomables costas atlánticas gallegas...en esa soledad, seguro, me sentiré acompañado :)

Igor y la pulsera de la suerte





1 comentario:

  1. Un placer haberte tenido aquí unos días, aquí siempre tendrás tu casa. Espero que todo vaya mejor que bien ¡disfruta muchísimo!

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